
No es nada difícil, repito NO ES NADA DIFÍCIL, preparar un roscón espectacularmente bonito y esponjoso en casa para que toda la familia se rechupetee los dedos y te pida que hagas más todos los años (eso no se si es bueno o malo).
El año pasado Papá Noel me trajo el Libro de Ibán Yarza “Pan Casero” y gracias a él descubrí que los Roscones no son creaciones exclusivas de las pastelerías y grandes almacenes. Copio literal la entrada de la receta en su libro: “Un aura de dificultad envuelve la elaboración del roscón de Reyes. Todo el mundo tiende a pensar que es algo complejísimo de hacer y que hay que ser poco menos que un alquimista para conseguir un resultado bueno…”
En ese momento en el que yo misma pensé: ¿No lo es? Tras devorar su receta me puse a investigar otras recetas hasta descubrir todos los truquillos y espero que no se me haya olvidado ninguno, así te ahorro la investigación. Puede ser un poco engorroso al principio, por eso del miedo al amasado (para mi queda suficientemente bien en la amasadora), pero enseguida se le coge el truquillo y ya no cuesta nada ponerse. Es cuestión de ser previsor y tener en cuenta que es una receta en dos fases, para la que hay que preparar la masa madre de levadura y la infusión de leche el día antes, y respetar los tiempos de reposo y levado mínimos.
Así que una vez desmitificado y dejando de lado cualquier miedo que tengáis a enfrentaros a este dulce tan típico de las fiestas, toca ponerse manos a la masa.
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